Ni Balón de Oro ni pataletas: la verdad tras la cara seria de Lamine Yamal

Ni Balón de Oro ni pataletas: la verdad tras la cara seria de Lamine Yamal

Que si resaca del Mundial, que si frustración por el Balón de Oro, que si egoísmo por salir en el minuto 65 contra el Elche… La prensa y el entorno mediático no han tardado ni dos minutos en señalar con el dedo a Lamine Yamal tras su gesto contrariado en el banquillo del Martín Valero. Incluso voces como la de Bakero saltaron al cuello hablando de «falta de respeto» al vestuario. Pero en Culé sin Filtros preferimos rascar bajo la superficie y dejarnos de portadas vendemuros.

La realidad del crack de Rocafonda no es una pataleta de estrella inflada: es un golpe directo a su núcleo personal dentro del club.

El despiece de su grupo de confianza

Detrás de esa mirada perdida no hay un problema de ego con las rotaciones de banquillo tras un verano sin pretemporada. Hay un chaval de apenas 19 años procesando cómo el mercado le está arrancando a su grupo de apoyo en el vestuario. Las salidas de Alejandro Balde, Marc Casadó y Héctor Fort han sentado como un jarro de agua fría en el entorno de la joven perla.

Como bien apuntó Jota Jordi, la tristeza de Lamine no responde a premios individuales ni a exigencias de minutos. Responde a que 24 horas antes del debut liguero vio cómo sus tres mejores amigos —con los que ha crecido en La Masia durante la última década— están armando las maletas o saliendo por la puerta de atrás.

Exigencia sí, empatía también

A Lamine se le puede pedir madurez táctica y respeto a los cambios del técnico, pero exigirle que sea un robot insensible cuando ve marchar a quienes considera sus hermanos es no entender cómo funciona un vestuario. Mientras Raphinha brillaba y las nuevas incorporaciones dejaban buenas sensaciones, Lamine digería el trago amargo de una despedida silenciosa.

Menos juzgar la falta de sonrisa en un partido resuelto y más arropar a la gran joya del barcelonismo. Lamine volverá a tiranizar las bandas pronto, pero su bajón actual no tiene nada que ver con el fútbol: tiene que ver con el corazón.